¿Qué falla? No se sabe bien a ciencia cierta, pero una cosa sí es segura... falla el diálogo.
Falta diálogo entre el marido y la mujer, faltan palabras, conversación, confidencias que abonen,
robustezcan y renueven el amor.
Hoy, el dinero, el trabajo, la acción de ganar, ganar mucho, aturden a las parejas y nos les queda tiempo para dialogar, para escucharse, para penetrar de puntillas en ese laberinto prodigioso de la Psicología humana.
Tenemos que dialogar para renovar, para descubrir nuestro matrimonio. Péguy decía que "lo peor no es una alma perversa... lo peor es una alma acostumbrada". Si hablamos con nuestra pareja descubriremos, cada día, panoramas de ternura, de interés... seremos nuevos cada vez.
Hablar... ¿pero de qué?
De todo... ¡sí... de todo!; comentarnos las pequeñeces de la casa, los triunfos y fracasos en nuestras actividades cotidianas de manera que lo de afuera y lo de adentro no sean zonas distantes, desconocidas, dos mapas ignotos; del proyecto de los hijos o de ellos si ya los hay... de la marcha del hogar y, por supuesto, del futuro, además, por qué no, del pasado.