Tú me hiciste para esto.
Pusiste en mí el fervor, la paciencia, la comprensión.
Mi labor es la Tuya.
Quiero amar a mis muchachos
con la misma ternura que Tú amaste tu mundo.
Déjame respetarlos con el mismo respeto
que Tú tienes al hombre.
Déjame conducirlos con la misma destreza
que Tú guías tus astros.
Quiero ser el ejemplo de tu doctrina pura,
quiero ser seguidor de las palabras santas,
que pronunció tu Hijo:
"Porque cualquier cosa que hicierais
a estos pequeñitos, a mí lo hicisteis".
Llévame por tu senda,
dame tu mano fuerte,
pon en mis labios mieles de místico consuelo
para yo darles a ellos todo lo que desean.
Porque dando es como recibimos.
Así sea.
Evelyn Cruz Santos